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A la luz de la originalidad

A la luz de la originalidadAl mirar el horizonte, hay una serie de formas que aparecen libremente frente a nosotros. Salvo manejemos un vehículo o algún artefacto, no podemos controlar el flujo de los acontecimientos. Estos aparecen y fluyen en su propio contexto y contenido, sin influenciar nuestro entorno, exceptuando en lo visual y sutilmente energético. Todo marcha en un apacible movimiento, que sólo es interrumpido por la ansiedad y tensión del discurrir humano cotidiano. La vida sigue un curso indeterminado a la luz de nuestras mentes; eso es una gran realidad.

Cuando nos centramos en nuestra existencia, nos vemos acompañados por una serie de afectos,  emociones, sensaciones y sentimientos que curiosamente también aparecen y desaparecen con total libertad sobre nuestra belleza interior. La diferencia, es que salvo pequeños destellos de luz, el gran espacio es de total oscuridad y misteriosa profundidad, que nos otorga límites inconmensurables a nuestra presencia. Los pensamientos, por su parte, influenciados por un silente estado de consciencia, marcan gran parte de las circunstancias que día a día vivimos, intentado por todos los medios posibles despertarnos de nuestro sueño de temor ante las vicisitudes de la vida.

 Buscamos afuera por todos los medios posibles intentando encontrar la explicación perfecta a nuestra existencia, esfuerzo que regularmente sólo se detiene por el cansancio o el desánimo. Navegamos, pero hacia afuera, en el reino multidimensional de lo racional, donde las creencias marcan las interpretaciones de cada evento. La confianza es un bastión de combate para sostener nuestros estados de inseguridad, proyectados en una respiración agitada, una extraña transpiración de manos o un apretón de pecho. La seguridad, a cada segundo depende de lo que “ocurre afuera” en el mundo de la estructura, en el terreno de las transformaciones o en el área de lo definido. Nada puede ser asegurado, y aunque no logramos darnos cuenta, sabemos en un lugar no cartografiado de nuestro ser; que no tenemos el control sobre los eventos. Hay, una energía o un potencial que dibuja o influye mágicamente todo lo que es.

 Siempre que ocurre una crisis, un drama profundo o un estado de depresión, algo se manifiesta. Pareciera ser que la mente queda silente, sin respuesta aparente ante cada vaivén. ¡Esto no es sustentable!¡No doy más!¡Debe haber algo más!¡No puedo más! Son ideas que aparecen en la consciencia desde un lugar de redención.

 Ciegos ante nuestros paradigmas y condicionamientos ocultos, la presencia del ser orquesta una serie de eventos para disparar nuestra cualidad de amor y empatía, por sobre, el análisis indiscriminado y la autocrítica venenosa. Ésta, al colmar el vaso de la tolerancia, se derrama en una serie de juicios y objeciones ante personas o situaciones, formando una respuesta automática e inconsciente ante el caudal de estímulos que nos toca atravesar.

En este contexto, la primera toma de fe ante una somera visión de nuestra vida, comienza a estar dirigida por los conocimientos espirituales y la proximidad con el corazón de Dios; aquel ser omnipotente que con sólo mover un dedo es capaz de generar las peores de las calamidades observables. Esfuerzos interminables, sometimiento de la carne y adquisición de más y más conocimientos es la tónica de la sadhana extenuante. Seguramente, después de un tiempo, podrás considerar como relevante que muy poco ha cambiado y que, sinceramente, aún hay un vacío que necesita ser cubierto como dé lugar con todo tipo de actividades. La soledad aparece como el peor de los enemigos acompañándonos con su cruel verdugo; llamado “mente”. Desde un prisma más esotérico; en vez de descubrir, almacenamos; en vez de sumar fe, confiamos en cada nueva etiqueta; en vez de despertar la autenticidad, nos adherimos inconscientemente a nuevos paradigmas estáticos, basados en reglas de control y posesión.

   Surgiendo la primera entrega o rendición, descubres que hay un sonido que había enturbiado la presencia del ser;  “la voz de la mente”, con sus matices y tonalidades. ¿Quién eres?¿Por qué repites el mismo guión sin interrupción día a día?¿Por qué te expresas tan agobiado y desesperado?¿Por qué conozco tu voz y no tu sonrisa?¿Cómo expresas amor, misterioso compañero? No hay respuestas, ya que su existencia se basa en ellas.

   Como hemos mencionado, queremos saber la mayor cantidad de cosas desde el exterior, desde los comportamientos de la sociedad hasta la vida íntima de nuestros vecinos, todo para evitar entrar en nuestro pozo interior. Si nos atrevemos muy científicamente a entrar en este espacio, tenemos la posibilidad de investigar cuál es el origen, estructura y funcionamiento de nuestro software; constituido por la libre asociación a creencias y paradigmas colectivos; y compuestos por evasiones, miedos y sustos, entre otros.

  Al guardar silencio ante la llegada de la tormenta, ciertos impulsos comienzan a aparecer desde los limbos de la inconsciencia. Cada impresión, grabación o shock que marco nuestra personalidad  comienza a vibrar y a renacer con toda la emocionalidad disponible, tal arte de científico esmerado. Este silencio o acto de humildad, comienza a ser la semilla que mueve nuestro “método científico interior”, basado en el desmembramiento de capas de identidad que oscurecían el prominente brillar de nuestra originalidad.

  Con anterioridad, el impulso por responder nos impulsa a la acción, desde la agonía, desesperación, enojo, envidia, malaintención, traición, entre muchos hábitos de exteriorización. ¿Qué pasa si respondo hacia adentro?, donde el aprecio, comprensión, compasión y empatía comienzan a danzar como nuevas energías.

  Gran parte de nuestros comportamientos, hábitos y sustentos ilusorios comienzan a partir…¡y ese es nuestro gran miedo!…sabemos que algo está ocurriendo pero nos apegamos profundamente a la disposición de los opuestos interrelacionados, que nos azotan con sufrimientos que nos defraudan silenciosamente.

  La libertad no tiene que ver con la adquisición, comparación o rebeldía, sino con la llegada de la autenticidad y originalidad a nuestro organismo. Esa es nuestra invitación, a un lugar donde somos conscientes de nosotros mismos, de nuestras actitudes y valores, de quien somos y como influenciamos sigilosamente nuestros entornos.

  Cuando escuchas la palabra libertad, tal como todo ser humano, quieres alcanzarla. No es automático, es un proceso de “volver” a nuestras esencias de intuición, creatividad, entusiasmo y espontaneidad.

La vida sigue si curso, tan sólo deberías preguntarte si estas cómodo con lo que vives, si sientes paz en tu experiencia vital y si la motivación e inspiración surgen desde un lugar indescriptible durante el día.

Comenzar a responsabilizarnos es mirar hacia adentro, en el pozo de la vacuidad y apreciar con gratitud la posibilidad de “sentir” sin conocer, “sentir” sin reclamar, “sentir” desde la aceptación de lo que es.

Ahí está la perfección, desde la plena sensación de lo que la vida nos otorga cada día.

Con afecto,

Cristián Sarmiento

www.cristiansarmiento.webnode.cl

 

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