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Registros Akhasicos con Agata Bertolino

Registros Akhasicos con Agata BertolinoAdemás del fuego, el aire, la tierra y el agua, el universo está formado también por el éter y el Akhasa. Estos son dos elementos que la Ciencia oficial aún no reconoce y corresponderá a las generaciones venideras, devolverles su trascendental significado.

El Akhasa transporta la Conciencia Divina, a través del conjunto de la creación. Las puertas de la Memoria Akhasica se abren sólo por buenas razones. El consultante necesita desbloquear su conciencia por razones evolutivas y se abre el velo, en ciertos puntos precisos, para desatar el nudo.

El universo, es como un Ser vivo con leyes que lo autorregulan y le permiten renovarse, expandirse. El término “ser vivo” está relacionado con las palabras “memoria”. Las tradiciones orientales han llamado Anales Akhasicos a esa memoria. Anales, Registros. Constituyen una reserva inmensa, incontenible, sorprendente, riquísima. Una verdadera “base de datos” que abarca todo el pasado del universo, desde el principio de los tiempos.

El Universo tiene su Registro Akhasico. Lo tiene cada galaxia, cada planeta, cada país. Lo tiene cada ser humano. Y en ello no hay misterio ni milagro ni magia alguna. Se trata de una simple lógica a la que nuestra inteligencia y tal vez, nuestra limitada apertura de conciencia, no tienen aún completo acceso.

Sin embargo, hay personas que viven con el don, con el talento de acceder naturalmente a estos registros. Nacieron especialmente dotadas. Hay también quienes mediante técnicas muy sencillas, pero acompañadas de un trabajo profundo de automaestría, fabrican la llave que abre esa puerta. En ambos casos, el lector de registros, no entra a esa fabulosa “base de datos”, como si fuera una biblioteca cualquiera. Exige un estado interno particular, donde predomina el espíritu de servicio y la ausencia de voluntad egótica. Y supone “una autorización superior” de quienes custodian el umbral.

Agata Bertolino (Italiana de nacimiento) que reside en Buenos Aires desde su adolescencia, pertenece al primer grupo. Es capaz de leer, naturalmente, los registros akhasicos de las personas desde siempre, desde que tiene recuerdos. Incluso antes de que supiera ponerle nombre a esa particular capacidad.

En su sabiduría multifacética, se esconden diversas habilidades que comparte en consultas de lectura de registros akhasicos y de Astrología; en Talleres de Esencia Florales, de Gemas, de Magnetoterapia, de Registros Akhasicos. Además, de la Patagonia Argentina extrae de su cultivar de rosas, su propio sistema floral. “Las Pleyades”.

Sus talentos, su sabiduría y su sencillez le han ganado un fiel discipulado en distintos paises. Es, sin embargo, el tema de los Registros Akhasicos, que con su acuosidad, acertividad espiritual, fina visión, claro apoyo de energías Superiores, lo que la convierten en una Maestra Especial, dotada de una sensibilidad poco común para acceder a la biblioteca personal mas recóndita. Si el fin del consultante es discernir mejor, orientarse y aproximarse a su Propósito, encajando las piezas sueltas en el puzzle de su vida, saldrá de la consulta de Agata con la información y las herramientas que busca.

No es fácil convencer a Agata para una entrevista. No le gusta exponerse. Pero los maestros la aconsejaron; “ya no son tiempos de silencio. El futuro es urgente y hay que ayudar a la Conciencia a expandirse”.

Cuando se le pregunta cual es el suceso mas antiguo que recuerda, en que sintió que no era como los demás, se mete para adentro, semicierra los ojos y se va emocionando…

“… era la segunda guerra mundial, tenía cuatro años y Mussolini hizo colonias para los niños campesinos, donde era obligatorio asistir. Con falda azul, blusa blanca y boina. Estábamos allí desde la mañana hasta las seis de la tarde. De tanto en tanto, se hacían paseos. Un día visitamos una vieja iglesia que ya conocía. Junto a otra chica nos apartamos del grupo, encontramos un pasadizo y luego un altillo al que se accedía por una escalera de troncos. Mi amiga tuvo miedo de subir y yo me adelanté.

Al llegar arriba vi que no había nada y que todo estaba derruido. Al volver a mirar, de la nada, surge un escritorio antiguo donde se apoya un monje. Me asusté, pero el monje me tranquilizó con su sonrisa.

Eso lo vi tan claro, como te puedo ver a vos. Algunos años más tarde, mi padre que ya había vivido dos guerras, decidió partir a Argentina donde ya había una avanzada de parientes. Partió solo; y cuando la familia debía reunírsele, se produjeron toda clase de inconvenientes. No llegaban los pasajes…cuando dejamos todo atrás y nos dirigíamos al Estrecho de Messina a tomar el barco, se produjo un maremoto. Recuerdo que el agua arrastraba a mi madre… se perdía la combinación con Génova…

Llegamos venciendo múltiples vicisitudes. Pero en Génova, un señor nos dice que no podemos partir porque falta un papel que debió enviar mi padre. Si no salíamos esa noche, perdíamos los pasajes.

Jamás olvidaré esa imagen casi bíblica, la desesperación de mi madre, abrazándonos con una mano y con la imagen de un Santo en la otra: “San Francisco, apiádate de nosotros!!”. “Ayúdame a llevar a estos hijos a su padre!!”. Y ocurrió el milagro… subimos al barco.

La imagen en la mano de mi madre, me reencontró con el monje que me sonriera a los cuatro años, en esa iglesia abandonada de Catania. El monje que me sonrió desde ese pupitre, era San Francisco de Asís”.

Hoy que te conoces mejor, puedes convivir bien con tus capacidades psíquicas mas desarrolladas, pero no debe haber sido fácil cuando niña.

Agata: Yo era muy libre. Tenía una personalidad muy definida y era tranquila hasta que me ponían límites que yo no compartía. Entonces, me desbordaba y podía ser de terror.

Tenía unos problemas tremendos de conducta. Yo pedía me dieran razones para sus exigencias, pero nunca estaba satisfecha con sus respuestas.

Cada vez que yo relataba lo que veía, me decían que no se lo contara a nadie porque iban a creer que estaba loca. Mi rebeldía alejaba a los niños, que no querían jugar conmigo. Yo pretendía obligarlos.

El “afuera” terminó siéndome tan hostil que, por supervivencia, ingresé a un mundo interno tan profundo que, recuerdo, pasaba hamacándome durante horas, como los autistas, sin comunicarme con nadie. Me sumí en un estado del que jamás he tenido consciencia, ni tengo recuerdos.

Salí de ese mutismo en el barco, a los doce años, cuando una tormenta puso muy enferma a la gente de la tercera clase, en la que me hice adulta, de golpe y con un delantal…a ayudar.

¿Creciste y te integraste a la comunidad nuevamente?

Agata: Los primeros tiempos en Argentina fueron muy difíciles.

Nacieron allí tres hermanos más. Somos siete. Me casé a los diecinueve años y sigo casada con el mismo hombre, en una pareja muy sacrificada, muy trabajada. Él es un gran compañero y no le ha sido nada fácil compartir la vida conmigo. Él lo reconoce, aceptando que no resulta simple, vivir con una mujer que se desplaza en dos mundos. Es lo que me ha tocado vivir y como todos tengo tristezas. Aún me duele haber dejado mi tierra natal, a toda la linda y extensa familia que se quedó allá. Es una herida noresuelta. Una carencia no superada. Todavía no puedo regresar y no por razones económicas, sino por cuestiones internas que me traban dolorosamente. Con mis hermanos existe una linda relación. Tengo tres hijas y un hijo.

Pero todos, de alguna manera, han intentado apartarme de estas condiciones que vinieron conmigo, como una forma de protegerme. Les da temor que yo desaparezca como individuo. Yo no sé si es un don o qué es, pero ha resultado ser parte de mi bagaje y es un desafío que acepto lo más responsablemente que puedo.

¿Cómo llega a ti, la información de cada persona?

Agata: No es fácil de explicar como se decodifica la energía que se ve en el etérico de cada persona, porque no siempre es igual. A veces se producen las imágenes como si fuera un film, con colores y como si me llegara un torrente de inspiración para saber de que se trata. Pero otras veces la información llega por los oídos, como un sonido que se va canalizando en palabras. Y otras veces, se produce un fenómeno que resulta explicable a través de la física y que, si tuviera que simplificarlo, dirían que entran a mi cuerpo átomos, que se dirigen hacia los órganos, causando determinadas sensaciones y así yo sé qué parte del cuerpo del consultante está en problemas e incluso qué problemas. Se sienten además las energías sutiles, tanto de las personas como de los seres que vienen a apoyar el proceso. El Padre o sus mensajeros intervienen cuando la persona abre su corazón y da permiso. Hay almas que vienen con su propósito tan claro, tan definido, que son como una carta abierta ni siquiera hay que trabajar tanto. Uno lee como en un libro de letra grande.

¿En qué sentido le favorece a la persona tener esta información?

Agata: Siempre orienta a una mejor calidad de vida. Cuando la personalidad cede, el corazón y la psiquis se abren y dejan ver los bloqueos, sus causas. Por qué hay conflicto con los hijos, con el trabajo, con la pareja. Por qué se elige de una manera u otra. Si te entregan la información que necesitas, si te contemplan el mapa y te muestran los caminos, es cuestión de ponerte a trabajar. Pero igual, el trabajo central de cambios, de transmutación lo tiene que hacer la persona. Aquello que se ha vivido, pero que no aporta al desarrollo de hoy, no será mostrado en el Registro Akhasico.

Porque el sentido de este trabajo es sumar, no restar; es ayudar, no confundir. Estas son herramientas potentes, maravillosas, pero el artesano que las usa es cada Ser, con su libre albedrío, su voluntad, su disciplina, su sensibilidad. El consultante suele necesitar el servicio de otros terapeutas y hay que orientarlo.

LA MAESTRÍA

¿Cómo potenciaste este don… que disciplinas estudiaste?

Agata: Durante muchos años estuve sola, sin saber qué hacer, sin orientación. Hasta que a través de una situación personal muy dolorosa, la pérdida de un hijo, comenzó mi búsqueda. Y partí por aprender todo sobre las manos: Quirología Científica. Después Astrología, luego me formé como Instructora de Yoga. Y de ahí surgió la necesidad de estudiar Filosofía.

Tuve varios maestros argentinos que son muy prestigiados en Buenos Aires. Primero estudié Astrología Racional con Aida Casanova y más tarde Astrología Hindú con Miguel Kamanesky.

Del estudio de esas dos astrologías me surgió escribir sobre lo que yo llamo, la Astrología del Alma, de la morada del Espíritu que permite ver las vidas pasadas de las personas. Ahí trabajo con números, con dibujos, con símbolos, lo que va surgiendo desde la intuición, frente a cada persona.

Me hice terapeuta de esencias florales, y de gemas. Cultivo en La Patagonia, específicamente en El Bolsón, mis propias Rosas. De las que extraigo las esencias “Las Pleyades”.

Somos caminantes de un discipulado, nunca terminamos de aprender. Desde mi potencialidad tengo mis memorias celulares abiertas. A veces me asusto de que nada me sea desconocido, pero desde mi personalidad tengo que seguir trabajándo porque aún el dolor de los míos me descontrola, me llena de miedo perderlos.

Tengo carencias como cualquiera. Pero soy una agradecida de la vida porque tuve los padres y los hermanos que necesitaba y tengo una familia maravillosa que he formado con mi marido. A través de mis Registros Akhasicos, tengo un contacto muy bonito con mi padre. Una vez me dijo: “Fuiste lo mejor que me dio la vida y nunca olvides que yo estoy detrás de ti”. Eso fue para mí muy potente.

Mi mamá aún esta conmigo, y su imagen sigue siendo la de una mujer muy fuerte, muy segura, con mucho Amor a la Vida. Amor que logró transmitir a sus siete hijos.

Fuente: kybalionelbolson.com.ar

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