Es una práctica que utiliza el uso controlado de los colores y sus vibraciones lumínicas como estímulo para acompañar procesos de bienestar y equilibrio general. Parte del principio de que los colores pueden influir en la percepción, estado de ánimo y la respuesta emocional de las personas, generando estados de mayor relajación, claridad mental y regulación emocional. Su aplicación se adapta a las necesidades individuales y se integra de forma respetuosa dentro de un abordaje integral de cuidado y bienestar.